Con Ariel Silva y Bernardo Baraciarte
“Nuestra guerra sin cuartel es a favor de la paz”
Por Gabriela Perciante
Ariel Silva fue durante tres años el secretario personal de Mario Benedetti y el licenciado en enfermería Bernardo Baraciarte cuidó al escritor el último año y medio. Desde esa cercanía profesional, por supuesto atravesada por el afecto, ambos compartieron con él momentos entrañables de la vida cotidiana. Silva y Baraciarte fueron además privilegiados oyentes de historias y anécdotas, algunas de las cuales, a tres meses de la partida de Benedetti, rememoran en la siguiente charla con El Tejano.
Mario Benedetti no tuvo hijos, pero sí un gran amor, a la mujer que conoció a los catorce años y con quien convivió seis décadas de su vida, a los que se suman los años de noviazgo. Ella fue Luz López Alegre, con quien contrajo matrimonio el 23 de marzo de 1946.
Siendo muy joven, Mario iba a almorzar a unos comedores municipales que existían en aquella época. Allí contrae tifus, supuestamente por ingerir verdura mal lavada, según contaba. Enfermo de esta afección, soportó dos meses de fiebres y diarreas. Durante esa etapa, siendo ya novio de luz, recibía sus visitas, y se sorprendió cuando al llegar ella lo besó en sus labios contagiosos y cuarteados. Mario comentaba después: “hasta ese momento yo no había creído que ella fuese tan tierna, inconsciente y osada”. Y le robó el corazón para siempre.
- Ariel Silva: Cuando supera la enfermedad, después de haber estado mucho tiempo en cama, tenía barba. Decide ir a la peluquería a cortársela, pero antes pasa por una casa de fotografía para tomarse una foto tal cual estaba. Al entrar al lugar, el fotógrafo lo observa y le pregunta: “¿Usted estuvo enfermo, no? ¿Qué tuvo?”. “Tifus”, contesta Mario. “¡Ah !, ¡qué lástima!”, dice el fotógrafo, “porque las que quedan bien son las fotos de los que tuvieron tuberculosis”. Y no sólo le saca la foto, sino que después la amplía, y la deja expuesta como promoción. Luego, cada vez que Mario pasaba por ese lugar se detenía a mirarse nuevamente.
- Bernardo Baraciarte: La afección que tenía en sus últimos años era una enfermedad intestinal, y tuvo una serie de internaciones. Yo tuve la suerte de acompañarlo en esos momentos como profesional. Mario era una persona tremendamente afectuosa, suave en su hablar y recibía sus tratamientos con tranquilidad.
Él tenía un fisioterapeuta que venía todas las mañanas a rehabilitarlo, para que pudiera hacer un poco de ejercicio. Le preguntaba qué tipo de deportes había realizado de joven. Él contestaba que había jugado al ping pong y a la paleta. Pero a Mario realizar los ejercicios no le agradaba. Sus predilecciones eran leer y escribir. Entonces, cuando el fisioterapeuta llegaba, y le preguntaba cómo se sentía, él buscaba una razón que lo imposibilitara, con un gesto cómplice. “¡Pero qué artista se perdió la Comedia Nacional con usted!”, le decía el muchacho. “No, no se lo perdió porque yo actué”, contestaba Benedetti.
- AS: Sí, actuó en la película El Lado Oscuro del Corazón, de Subiela. Como sabía alemán, porque había concurrido al Colegio alemán un tiempo, hizo el personaje de un capitán de Marina Mercante, con el uniforme correspondiente, recitando un poema suyo en ese idioma a una prostituta.
- BB: También participó en un espectáculo de tango.
- AS: Sí, siendo él algo tímido, para poder salir a bailar se anotó en una academia para aprender a bailar tango. Estando como espectador en un teatro de Montevideo, una de las actrices dijo: “¿Y ahora quién me saca a bailar?”. Y él se animó, pisó las tablas, y comenzó a bailar con ella, siendo aplaudido por todos.
La muerte de su esposa, que falleció tres años antes que él, fue
una de las cosas que más lo afectaron.
- AS: Su refugio fue la escritura. El se iba haciendo un panorama de la situación, lo cual se refleja en su último libro editado “Testigo de uno mismo”.
Tratamos de hacer, de alguna manera, lo que se merecía, es decir, darle la compañía y el afecto necesarios. Hasta el último momento estuvo acompañado por amigos que seguían viniendo a la casa y por todos nosotros.
Durante su exilio estuvo un tiempo lejos de Luz, quien cuidó a su
madre y a su suegra, hasta que finalmente pudo reunirse con él.
-AS: En su obra literaria Mario comenzó, siendo un observador agudo de la realidad, en sus primeros libros. Después pasó a ser un denunciante de la injusticia y finalmente fue una persona comprometida a transformarla. Tuvo una visión de lo particular a lo general. Comenzó observando Montevideo, al hombre cercano, luego a América Latina y posteriormente tomó una postura a nivel mundial. El tema de la paz, de los derechos humanos, le preocupaban muchísimo: “nuestra guerra sin cuartel es a favor de la paz”, decía en alguno de sus artículos. Trabajó en su literatura el tema de los opuestos, y cómo de alguna manera éstos se transforman en necesarios: la vida y la muerte, el amor y el desamor, los amigos y los enemigos. Escribió sobre la manera cómo uno reconoce a veces cosas en el enemigo y cómo uno puede sentirse enemigo del otro.
Sus primeros siete libros no vendió ningún ejemplar. Pedía préstamos en el Banco República para poder solventarlos. Tenía un amigo, compañero del liceo Miranda, que tenía una imprenta, y le cobraba muy barato. Pero no vendía nada. En un momento lo llamó Quijano , y se dio, en su relación con el semanario Marcha, la publicación de “Los poemas de la oficina”. Eso hizo que su dimensión cambiara y que comenzara a ser conocido.
Pienso que desde el punto de vista literario y como persona, Benedetti tuvo esa ética, que la convirtió en su estética; y en los textos, tuvo en cuenta los contextos. Por eso es que Mario se convirtió en un escritor popular.
- BB: Yo creo que es más difícil encontrar quienes lo atacaban, que quienes lo querían.
- AS: Sus enemigos estaban bien identificados, por ejemplo los gobiernos dictatoriales de los países latinoamericanos. Él tenía una profunda vocación antiimperialista. Por sus posiciones críticas en ese sentido tuvo la entrada prohibida a Estados Unidos.
Mario Benedetti fue pionero en algunas cosas. Nos contaba siempre que estando en Buenos Aires, donde tuvo que ir por trabajo, se iba a sentar a la Plaza San Martín a leer. Allí descubrió a Baldomero Fernández Moreno, un poeta argentino que escribía sencillo, que no es lo mismo que simple, y con profundidad. Respecto a ese descubrimiento decía: “yo estaba tratando de buscar la poesía en ese sentido”. Esa escritura sencilla la llevó a lo cotidiano, con “Los poemas de la oficina”. “Yo veía un montón de gente muy inteligente, la mayoría empleados públicos, que terminaban quedando desgastados y desaprovechados”, decía. Es lo que sucede en “La Tregua”.
Escribió sobre esos seres y situaciones sencillamente, pero a la vez con una gran inteligencia, lo que provocó que el tema se fuera universalizando. Trabajó además el descubrimiento de la crisis que estaba detrás de ese sistema. Cuántas veces hemos dicho: “Benedetti dice las cosas que nosotros sabemos que son así, pero no nos damos cuenta cómo expresarlas”. El poeta mexicano José Emilio Pacheco decía: “Benedetti escribe lo que nosotros sentimos que es necesario que sea escrito”.
- BB: Él leía todas las mañanas el diario La República y le llamaba la atención, por ejemplo, José Mujica, como personaje, sus salidas andando en bicicleta, sus particularidades. Comentaba acerca del cambio en la Presidencia de los Estados Unidos, con la aparición de Obama.
- AS: Igualmente él decía que “los presidentes pasan y el imperialismo queda”.
Otra de sus frases era: “un optimista es un pesimista mal informado”. Siempre tuvo mucha esperanza y una gran fuerza interior, pero veía la realidad y, sobretodo el tema de la globalización, de la post modernidad, como una pérdida enorme de ciertos valores humanos. Le preocupaban mucho los jóvenes, lo cual expresa en uno de sus libros que se llama “Memoria y Esperanza”, con uno de sus poemas titulado “Qué les queda a los jóvenes”. También aparece ese poema en su libro “La vida, ese paréntesis”.
- BB: Le gustaba ver partidos de fútbol, era hincha de Nacional.
- AS: Mario era una persona encantadora en su conversación y con un sentido del humor tremendo. Le encantaba jugar con las palabras. Recuerdo que varias veces estábamos almorzando y venía gente a hablar con él. La primera frase que muchos le decían era “usted no me va a creer”, y después de eso le contaban una historia que siempre estaba referida a su literatura en relación con la vida de las personas. A él esto le encantaba, se preocupaba por la gente, no le importaba que lo interrumpieran en la comida. Les preguntaba “¿tú quién sos?”, “¿de dónde venís?”, “¿cómo fue que sucedió eso?”. Siempre con gran amabilidad y con un gran respeto y preocupación por los lectores, por la gente común que se acercaba.
Él tenía dos o tres amigos con los que se reunía dos o tres veces por semana a discutir de política en algún boliche, antes de la dictadura. Entre ellos estaba Guillermo Chifflet. A veces también se realizaban almuerzos con escritores o con gente muy cercana a él, u otros que venían del exterior.
Una vez, estando él en Montevideo, lo saludó una mujer dándole la mano apretándosela muy fuertemente. “¡Qué alegría conocerlo!”, le decía la señora sin soltarlo. “Bueno, muchas gracias”, contestaba Benedetti. “¡Qué honor, García Márquez!”, terminó diciendo ella.
En sus últimos tiempos vivió en Zelmar Michelini, entre 18 de Julio y San José. Iba muchísimo al Bar San Rafael, que está ubicado en San José y Zelmar Michelini.
- BB: Hasta el último día le trajeron la comida especial para él. En la mesa donde se sentaba colocaron una foto suya. Lo apreciaban mucho allí.
Cuando Mario estuvo internado en enero del 2008 en Impasa, su gran amigo Daniel Viglietti, antes de realizar una gira por Argentina, fue con la guitarra a cantarle una canción a su habitación en el Sanatorio. Pidió permiso, sacó la guitarra, y se puso a cantarle Gurisito. En determinado momento comenzó a cambiar la letra de la canción, y todos los que allí estaban cerca escucharon: "se precisan Marios para amanecer..."
- AS: Mario escribió, después de “Testigo de uno mismo”, un libro de poesía. Ya lo tenía terminado y lo estaba corrigiendo. Él siempre le daba a determinadas personas sus materiales para que lo fueran leyendo por si le hacían alguna objeción. Tomaba muy en cuenta las críticas, no las desechaba. Para éste último libro se le ocurrió el título “Biografía para encontrarme”. Como él tenía la intención de publicarlo, la actual Fundación Mario Benedetti que se formó según su voluntad testamentaria, lo va a hacer.
Muchas veces recibió premios por sus obras literarias y donó parte de ese dinero a madres y familiares de detenidos desaparecidos, pero no quería que se supiera. Lo dijeron después que falleció. Además donó otros dineros para que se pudieran realizar algunas investigaciones y para la campaña por la Nulidad de la Ley de Caducidad.
El 8 de julio pasado se cumplió con la primera sesión de la Fundación Mario Benedetti. Él dejó establecido los objetivos con dos grandes áreas: la cultura y los derechos humanos. Y respecto al segundo punto, estaba especialmente interesado en las investigaciones sobre los detenidos desaparecidos en el Uruguay.
- BB: El día de su fallecimiento, cuando muchos lo acompañaron desde el Palacio Legislativo hasta el Cementerio Central, fue para mí un impacto muy fuerte observar que personas de tantos estratos sociales y culturales diferentes, trabajadores vestidos de mameluco en los talleres mecánicos, vecinas que salían al balcón, niños, de la escuela, gurises del liceo y muchos otros, acompañaran a pie a un poeta. Dos cuadras de gente de nuestro pueblo, y otros tantos que salían a aplaudirlo al paso de su féretro. Esto de alguna manera demuestra el valor que tiene en el imaginario colectivo. El significado de su figura, para muchas de esas personas, superaba al de su obra literaria.