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Programa de impulso y universalización en el liceo 22
El Programa de Impulso a la Universalización (PIU) es una iniciativa del Consejo de Educación Secundaria (CES) que apunta a fortalecer los apoyos pedagógicos para alumnos del ciclo básico. La experiencia, que cuenta con la participación de Unicef, se inició el año pasado y viene desarrollando en 2009 su segundo ciclo. El liceo 38 y el 22 son dos de los centros en los que se lleva adelante el programa. Sobre sus características, sus logros y los obstáculos particulares que debe sortear en el liceo 22, conversamos con la profesora tutora Silvia Bocchi y con la sicóloga Beatriz Ríos, dos de las integrantes del equipo PIU del centro.
“El Proyecto de Inserción Universal al Ciclo Básico se enfoca en aquellos alumnos que deben enfrentar dificultades que los posicionan como población con posibilidades de repetición o deserción”, comienza explicando La profesora Silvia Bocchi.  “El PIU se desarrolla en instituciones con riesgos mayores en ese sentido”. El equipo a cargo, señala la docente, está formado por una psicóloga, una asistente social, referentes y profesores tutores. “Vamos detectando a los chiquilines en esas condiciones e intentamos apoyarlos para que salgan adelante”, dice Bocchi. “Tratamos de que se pongan al día con aquellas tareas que no pueden realizar en la casa”. “Son chiquilines que vienen de asentamientos, o que viven prácticamente solos, porque está sólo la mamá o el papá. O que están a cargo de un abuelo.  O que tienen ocho o nueve hermanos y llega determinada edad en que tienen que quedarse a cuidarlos”.
 

El PIU, además de en el aspecto curricular, se enfoca en las capacidades de socialización. Para ello, dice la docente, se apela a formas de aprendizaje novedosas. “Intentamos generar actividades lúdicas, participativas, nuevas formas de suscitar el razonamiento que no se perciban como impuestas”.
La sicóloga Silvia Ríos cuenta que el trabajo con los estudiantes que participan del PIU se lleva adelante dos horas por semana, antes o después del horario regular de asistencia a clases. “Como el programa incluye además partidas dedicadas a la alimentación -amplía Bocchi- en ese espacio trabajamos, comen un refuerzo, toman café con leche. Hay chiquilines que sabemos que no pueden hacerse lentes, entonces existe una partida dedicada a eso, también. El proyecto apunta a una contención desde diferentes puntos. A veces hay problemas de relacionamiento, eventualmente derivados de dificultades para contar con ropa adecuada, entonces tratamos de coordinar entre nosotros para solucionarlo”.
“Los de primero se enganchan enseguida -cuenta Bocchi-, porque vienen de la escuela, donde estaban contenidos, entonces les encanta. Incluso vienen chiquilines que no lo necesitarían; alguno que de repente está solo en la casa y te dice: ‘¿puedo quedarme?’. Y ayudan. A los de tercero les cuesta más venir porque para ellos, que han estado ya dos años en el liceo en una dinámica distinta, el cambio resulta más difícil. Vienen cuando están con la soga al cuello”.
La primera convocatoria a los alumnos que participarán en el espacio PIU se basa en las calificaciones. “Generalmente -aclara Bocchi- cuando hay una problemática se refleja en el rendimiento. Para los de primer año nos fijamos también en la historia escolar. Luego de comenzado el trabajo investigamos cuales podrían ser las dificultades específicas. Si se trata de dificultades con la capacidad de atención, de algún problema emocional, si es que se trata de un alumno que está enfrentando todo muy solo, si es un problema auditivo o de visión. El equipo comienza entonces a trabajar, no sólo en el liceo, porque el asistente social también visita las casas”.


Problema grande: liceo chico
El PIU en el liceo 22 comenzó en setiembre de 2008. “Los plazos de trabajo, el año pasado fueron sumamente cortos, dio para hacer lo mínimo”, aclara la profesora. “Este año comenzó con más fuerza. Pero tenemos una gran tranca que es que el liceo no tiene espacio físico. Otras cosas salen, pero sin espacio todo cuesta el doble o triple. Ahora funcionamos en el altillo, en el espacio de biblioteca o en el laboratorio si está vacío”. El tamaño del centro, además, lo posiciona como un liceo de paso, de prácticas, para los docentes. Son pocos los profesores, explica Bocchi, que permanecen en el 22 de un año para el otro, característica no conveniente para un trabajo como el del PIU en el que la continuidad del referente resulta muy positiva.
El liceo 22 tiene una población de 500 estudiantes, señala la sicóloga Beatriz Ríos. Alrededor de 200 son los que participan en el PIU. “En este momento estoy trabajando con los estudiantes de primer año -cuenta-. Viendo la historia de atención que han tenido sus eventuales problemáticas. Nos encontramos con chiquilines, que vienen de las escuelas, que nunca fueron diagnosticados. Estamos trabajando con Médica Uruguaya y con Salud Pública para intentar conseguir horas de neuropediatría que es la consulta desde donde se deriva a las clínicas psicopedagógicas para poder hacer los diagnósticos. Hay casos de alumnos de 13 años con posibles problemas de dislexia que nunca fueron diagnosticados”. La sicóloga cuenta que durante las vacaciones el equipo se ha comunicado con los padres, y casi todos se están acercando a hablar. “Se intenta tener una respuesta a nivel familiar para sacar a los muchachos adelante”, explica. Y comenta que rara vez los chiquilines se resisten a la asistencia sicológica. “Los de tercer año, en muchos casos, piden para venir a charlar lo que les pasa y están dispuestos a ir a los lugares de derivación”.
Parte de la comunidad
“Mi deseo es que el liceo vuelva a ser parte del barrio”, subraya Bocchi. “Que no sea visto como algo negativo, que provoca reacciones del tipo ‘ah, los chiquilines, tené cuidado, vamos por la vereda de enfrente’. No. Esos chiquilines también son del barrio. Queremos la gente también se involucre. Y de apoco lo estamos logrando. Por ejemplo el Club Artigas está colaborando prestándonos su local. Pero necesitamos un empujoncito más, que se sepa que estamos trabajando. Tenemos que conectarnos con el barrio, y no ser vistos como el problema”.
También se han establecido contactos con la Biblioteca Carlos Roxlo, dice la docente, a la que el liceo le ha donado 1050 libros que ya no tenían espacio en su local. “Además estamos en plan de unir a los liceos de la zona. Este año hicimos el encuentro de coros, en el espacio de la galería de Carlos María Ramírez y Yáñez Pinzón. Era increíble ver a los coros del 66, 44, 38 y 22, todos cantando. El liceo ha cumplido 40 años, el edificio es el mismo del principio pero su población se ha incrementado”. Según Bocchi el centro ha ido aumentando sus responsabilidades pero no la disposición de recursos para afrontarlas. En su opinión es cuestión de que las fuerzas del barrio se coordinen y de “asumir que el liceo es de todos”.

Periódico PIU
Una de las estrategias pedagógicas que se está poniendo en práctica, cuenta Beatriz Ríos, es la producción de un periódico. “Buscamos que el PIU no sea una clase de apoyo clásica. Para hacer el periódico, entonces, se trabaja la producción de textos así como, por ejemplo, con el concepto de equipo de redacción en el que la tarea se diversifica según los intereses de cada uno”. Para este proyecto, remarcan las integrantes del equipo, se cuenta con la ayuda de todo el cuerpo docente del liceo. Y, en lo relativo al diseño y la diagramación, mencionan especialmente el apoyo de los profesores de informática.
El periódico además de notas incluirá contenidos de las materias. Y contará también con espacios como ranking de música, artículos deportivos o  crónicas de los paseos, cuenta Silvia Bocchi. “Habrá también entrevistas a los profesores y crucigramas. Jugando hacemos una nota para el periódico y estudiamos para el escrito”. Ahora el grupo se encuentra ante el desafío de conseguir los recursos para la impresión.  “Aun no sabemos cómo hacerlo: si vamos a imprimir en hojas de la computadora, simplemente, o si algún padre podrá tener acceso a alguna imprenta. Dentro de dos semanas queda pronto y allí veremos”. La intención del equipo es publicar dos números: el que están cerrando actualmente y un segundo número a fin de año. “A lo mejor buscamos apoyo de comerciantes del barrio, a cambio de publicidad. Siempre aparecen dificultades para sortear y nos las vamos a arreglar”.
Parte del trabajo realizado en el PIU está basado en material bibliográfico y audiovisual proporcionado por Unicef. Si bien al principio no contaban con televisión y reproductor de DVD necesario el problema se solucionó gracias a la empresa James que, respondiendo al pedido del liceo, donó ambos equipos. Inca y Conaprole son otras de las empresas que han colaborado con el Liceo, cuenta la profesora. “El PIU es tratar de ayudar a los chiquilines -resume Bocchi- pero también es tender las redes para lograr ese objetivo”.

Por Gabriel Varela - El Tejano Nº 153

 

El desafío es enredarse

Se realizaron las Jornadas de intercambio, capacitación y reflexión sobre violencia: maltrato y abuso sexual. 16 y 17 de junio en el salón del fondo del CCZ 14.

Educadores, concejales, técnicos, maestras, policías, directores, vecinos, trabajadores sociales, becarios, psicólogos, comunicadores, jóvenes y adultos de diversas organizaciones, instituciones y rincones de la zona participaron en esta doble jornada. Doble por los dos días de duración y doble también en su intención: reunir y problematizar distintas perspectivas para el abordaje en situaciones de violencia y por otro lado hacer el precalentamiento para empezar a caminar hacia una nueva convocatoria para una Red de Infancia, Adolescencia y Juventud de la Zona 14.

 

A lo largo de los últimos años, diversas organizaciones e instituciones de la Zona 14, han llevado adelante diferentes acciones  relacionadas con la  puesta en marcha de una Red de Infancia, Adolescencia y Juventud de la Zona 14;  desde una perspectiva de articulación territorial y trabajo en red que favorezca, facilite y potencie los cometidos de los recursos comunitarios comprometidos con la niñez, la adolescencia y sus familias.

En este marco un grupo de organizaciones y personas vinculadas al trabajo en el barrio diseñaron en forma colectiva estas jornadas que contaron con distintos momentos. La apertura y la primera bienvenida le tocó al Área Social del CCZ 14 como anfitriones. Luego, para enmarcar la temática se compartió una presentación del Centro El Faro – Foro Juvenil que surtió un efecto muy movilizante, combinado con las expectativas y ganas que traían los casi 70 participantes de la primer jornada hizo que el trabajo posterior propuesto en sub grupos fuera distendido, muy abierto y participativo. En esta instancia la consigna fue conectar con las afectaciones más íntimas que se experimentan cuando los operadores locales (así se denominó a quienes desde los más diversos ámbitos desarrollan tareas en la zona) se enfrentan con situaciones de violencia, maltrato o abuso hacia niños, niñas y/o adolescentes. Un ejercicio difícil, poco cotidiano pero que se evaluó como imprescindible de realizar a la hora de emprender las distintas rutas de análisis y abordajes.   Ahí terminó el primer día. Con el tema instalado, la segunda jornada prometía empezar a recorrer las distintas opciones, herramientas, recursos y sugerencias para pensar las acciones a seguir. Se empezaban a conjugar distintas perspectivas y modos de ver la complejidad de los abordajes y opciones.

El miércoles comenzó con la presentación de Casamiga, una de las organizaciones de la zona con especialización en el tema convocante. Luego la vuelta a los subgrupos, a volver a discutir, relevar, compartir, encontrar y disentir sobre las múltiples formas y líneas de acción. El plenario reflejó sí algunos sentidos comunes: no hay situaciones de maltrato como generalidades, cada caso es distinto y por eso “no hay recetas”. Hay posibilidades y alternativas, y cada circunstancia exige el pensar con otros, el no quedarse con una sola mirada para poder tener más claridades frente a circunstancias que lo que revisten son un sin fin de complejidades.

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El cierre de las jornadas estuvo a cargo de diferentes instituciones quienes aportaron algunos aspectos sobre su desempeño, desde el trabajo general pero en clave local. Expusieron: Línea Azul de Inau (0800 – 5050), Equipo de referentes en violencia, maltrato y abuso Centro de Salud del Cerro, Equipo de Diagnóstico y Derivación de Maltrato Infantil del Centro Hospitalario Pereira Rossell, IACI (Infancia y Adolescencia Ciudadana), Policía Comunitaria Seccional 19, Comuna Mujer 14 y Unicef. Diferentes materiales brindados por las diferentes organizaciones e instituciones vinculados a la temática serán próximamente publicados en la página web de Red.Corrida: www.lateja.org.uy/redcorrida para consultar y descargar.

 
Arrancó el Plan Regional 2009

Dos semanas antes del sábado 23 las Mesas de Coordinación Zonal vinculadas a los Socats Cepid y El Tejano comenzaron a planificar una jornada de integración con los jóvenes que asisten a los talleres. Los talleres de panadería, sanitaria y cerámica son uno de los logros que esas Mesas han logrado llevar adelante a través de su Plan Regional y la actividad de encuentro entre quienes organizan y quienes aprovechan ese espacio es una de las instancias de afirmación del recurso. Dadas las fechas que corren,  presumiendo una posibles embates meteorológicos el plan b ya estaba pronto: “si llueve se pasa para otro día”, se había establecido de antemano. Pero no. Cayó el veranillo. Y lo cierto es que vino al pelo, y el picadito previo y post hamburguesas fue de manga corta.

 

En el 2008 la Mesas de Coordinación Zonal de los barrios Tres Ombúes, Nuevo Paris, Cantera del Zorro y en conjunto con la de Nuevo Paris hacia el norte y Chimeneas desarrollaron un Plan destinado a generar una propuesta socioeducativa en el barrio. Comenzó entonces, en locales de organizaciones del barrio, la primer experiencia que consistía en tres cursos: panadería, cerámica y taller de máscaras. Este año, tomando en cuenta resultados, logros y también errores que eran posibles corregir, la propuesta de la continuidad de la experiencia no tardó en aparecer.

Se iniciaron entonces las coordinaciones y búsquedas de recursos que desembocaron en un Plan que consta este año de dos talleres de panadería, uno de cerámica y uno de sanitaria. Se trata de espacios dirigido a adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años que estén desvinculados de otros espacios educativos y/o de integración. Los grupos son acompañados por dos referentes educativos que apoyan los procesos de los chiquilines y el contacto con las familias.

La jornada del sábado 23, realizada en la Escuela 236, reunió a todos los involucrados en un espació de camaradería en el que no faltó la cacería, el fútbol y varias actividades lúdicas que permitieron el conocimiento mutuo, la generación y fortalecimiento de vínculos y la diversión.

Victoria, una de las chiquilinas participante de los cursos comentó que la jornada le había parecido muy positiva. “Pensando en la integración –dijo-, rescatamos la importancia de acerca, no sólo a los grupos de los distintos talleres, sino también a los adultos y los adolescentes de los diferentes barrios que están involucrados en este Proyecto”.

 Este año, se habilitará también un segundo ciclo de los mismos cursos durante el segundo semestre. Los cursos del próximo semestre serán, al igual que los que se están llevando a cabo en este período, para jóvenes entre 15 y 24 años, que tengan primaria completa, ganas y disponibilidad de participar de un espacio de capacitación, pero también de encuentro e integración.

Por cualquier consulta pueden acercarse a los SOCAT El Tejano y SOCAT Cepid.

Nota: El Tejano, Número 151 Mayo 2009